[Nota para los puristas: esta vez me he dibujado el pelucón].
Mema 7
Mema 6
Mema 5
Mema 4
Mema 3
Mema 1
La niña elefanta siempre tropieza dos veces con su misma trompa. Así, de moratón en moratón, pasa los días entre onomatopeyas y tiritas.
[Como me disgustan los memes impuestos, he decidido memetizarme yo solita para continuar el proyecto de Ari y Aurelie. A partir de hoy, contaré, en 10 "dibujos", por qué soy una mema (algo más que evidente para los que me conocen bien). Me disculpo, antes de nada, por no estar a la altura de mis predecesoras, a las que mando unos achuchones apretados].
Síndrome de Stendhal
En mi familia nunca hemos tenido coche (mi padre no lo consideraba necesario), así que, cuando íbamos al pueblo los fines de semana, lo hacíamos siempre en el coche de mis tíos o en autobús. Los viajes en el 127 rojo tenían su gracia. La redondez de mi madre y mi tía eran el mejor airbag que uno podría imaginar, y el inquietante bicho encerrado en metacrilato de la palanca de cambios me parecía todo un signo de distinción. Pero, sin duda, uno de los recuerdos más fascinantes de mi niñez era la sensación de bienestar que me producía pegar la nariz al sucio escaparate de la tienda de muelles situada un poquito más arriba de la estación de autobuses.
Hoy
Cumplo 31 años. El 127 rojo hace tiempo que se jubiló. El pueblo creo que sigue donde lo dejé, pero ya no lo recuerdo demasiado. Sobrevivo como buenamente puedo sin mi mullido airbag. ¿La tienda de muelles? Ella sigue en su sitio, quizá buscando más víctimas estrafalarias a las que producir su particular síndrome de Stendhal.

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