Unos días de fresquito y hierba rociera y vuelta al sofocante y maleducado calor patrio. Hay hambre de otoño desde mayo por estos lares, oiga. Que digo yo que ya está bien de buscar la sombra como los perretes por las calles de Madrid y de ponerme ciega a limonadas. ¡Quiero un chocolate con churros bufanda al viento de una santísima vez!