La mujer colador
Tengo los brazos como Simon John Ritchie y cien monos chillones dando saltos en mi interior, y a pesar de que el cuerpecillo que se me ha quedado aún no responde como me gustaría, creo que esta vez el susto me ha despertado del letargo en el que llevaba sumida desde hace casi ya tres años. Cada vez más piezas encajan en el puzle sideral.
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