
Érase una vez un intrépido caballero llamado Antoine de Lastours que tenía la cabeza de hojalata y el corazón de rojo y suave terciopelo.
Un buen día, cansado de demostrar al mundo su arrojo y valor, y de ir en busca de la justicia hasta cuando salía a comprar el pan, decidió cambiar de vida y hacerse jardinero autónomo. Desde entonces, vive feliz en un discreto parque de la capital, y de su vida pasada sólo recuerda que el amor cortés le quitaba más horas de sueño que la declaración trimestral del IVA.
Muchas gracias,
Guillermo, por dejarme jugar un rato con tu maravillosa criatura. :)