Domingo apocalíptico
Martes naranja
La modorra del tinto de verano
No me sienta el verano, cada año lo tengo más claro. El sol me quema por fuera y me chamusca por dentro. Estoy en plena crisis estival (perdón, quería decir desaceleración), y por mucho que me doy con la esponja, no me desprendo del gris (prometo que no es roña, que otra cosa no, pero limpia soy un rato largo). Así que, si el verano pasado me recorté, este año voy a colorearme. A partir de mañana, cada día tendrá un tono (sin poli- delante). Para ello voy a contar con la inestimable ayuda de Elvira, que me ha cedido parte de su colección de dibujos. Y como gracias a vosotros también me siento menos sombría, tengo preparada una sorpresa para el que acierte el significado del mayor número de obras de arte de la peque.
A ver si así me animo un poco...
Por cierto, Ari, el confeti es en tu honor.
La Virgen de la cueva
En menos de una semanita tendré que decirle adiós a la primavera y no puedo soportar la idea de un Madrid amarillento y piscinero. Tengo tres opciones: comprarme un sombrero de plumas y dar botes como una descosida implorándole a los dioses que siga lloviendo, asumir con entereza el advenimiento del secarral o tener a mano una regadera. Me enfrento a un futuro incierto.
Queda abierto el buzón de sugerencias.
Joaninha
Abotonado
