Domingo apocalíptico

Estos dibujos son de Miguel, otro pequeño gran artista. Se supone que hoy tendría que decir quién ha ganado, pero el ruido de las bocinas no me deja pensar. Parece como si toda la ciudad se hubiese vuelto loca. En fin, ellos sabrán. A mí, personalmente, me produce cierta inquietud tanta algarabía. El que se considere ganador, que deje un mensaje y luego haré sorteo.

Sabado rosa

Mañana fin de fiesta con los dibujos de Miguel, otro artista de tamaño XS, y el recuento de aciertos y desconciertos.

Jueves blanco

Echo de menos al troll, así que voy a dejar que haga de las suyas. Se acabaron los comentarios moderados, nunca mejor dicho. Hoy lanzo dos preguntas: 1. ¿Qué veis en el dibujo? 2. ¿De quién es el churumbel de la foto? [Pista: me visita con frecuencia].

Miércoles azul

Este dibujo es muy, muy fácil...

Martes naranja

¿Qué será la cosa naranja? El pepino rosa con patas que tiene al lado, según la madre de la criatura, es para nota. ¡Ánimo!

Lunes amarillo

*Instrucciones de uso en la entrada anterior.

La modorra del tinto de verano

No me sienta el verano, cada año lo tengo más claro. El sol me quema por fuera y me chamusca por dentro. Estoy en plena crisis estival (perdón, quería decir desaceleración), y por mucho que me doy con la esponja, no me desprendo del gris (prometo que no es roña, que otra cosa no, pero limpia soy un rato largo). Así que, si el verano pasado me recorté, este año voy a colorearme. A partir de mañana, cada día tendrá un tono (sin poli- delante). Para ello voy a contar con la inestimable ayuda de Elvira, que me ha cedido parte de su colección de dibujos. Y como gracias a vosotros también me siento menos sombría, tengo preparada una sorpresa para el que acierte el significado del mayor número de obras de arte de la peque.

A ver si así me animo un poco...

Por cierto, Ari, el confeti es en tu honor.

La Virgen de la cueva

En menos de una semanita tendré que decirle adiós a la primavera y no puedo soportar la idea de un Madrid amarillento y piscinero. Tengo tres opciones: comprarme un sombrero de plumas y dar botes como una descosida implorándole a los dioses que siga lloviendo, asumir con entereza el advenimiento del secarral o tener a mano una regadera. Me enfrento a un futuro incierto.

Queda abierto el buzón de sugerencias.

Joaninha

Definitivamente en mi anterior vida debí ser una mariquita. Ahora soy más larguirucha, miope y no como piojos ni jejenes, pero sigo teniendo el mismo buen gusto en el vestir...

Abotonado

Por soportar mis noches de miedo y las patadas nocturnas durante años, por hacerme reír con sus bobadas, por ser un muro palpitante, por darme de cenar, por hacer tanto sin pretender nada, por su sencillez y paciencia infinitas, por no preguntar demasiado, por esos ojos azules que tanto envidio, por no esconder nada y callarlo todo... Por las pequeñas cosas y por lo que me guardo, el asa de este bolso está pensada para enhebrarse con el brazo de una gata loca, mi hermana.
[La amapola, para no variar, es cosa de la abuela].

El pozo de los deseos

Siempre que paso cerca de un pozo, pido tres deseos. Acto inútil donde los haya... hasta hoy...
Cuando uno se levanta sin esperanza, el día se despereza del revés. Eso es así aquí y en Kirguistán. El desayuno se transforma en una mancha de fuel, el trabajo te tensa hasta convertirte en una percha humana y lo único que te apetece es salir corriendo y no parar hasta descubrir dónde narices está Kirguistán o comprarte una villa en Sintra, así que optas por darte un paseo, que lo tienes más a mano. En esos días de traspiés internos, lo menos deseable es darse de bruces con un pozo conocido y falible...
POZO: ¿Qué pasa, Nata? ¿Se cumplieron?
NATA: Pues no. ¿Se han cumplido alguna vez?
P: Lo dices como si yo tuviese la culpa...
N: Mira, no tengo el día, en serio.
P: Eso es porque has perdido la esperanza.
N: ¡Ja!
P: ¿Te ríes?
N: No, me he tragado un mosquito... Hale, hasta otra.
P: Espera, espera... dame una segunda oportunidad. Al fin y al cabo yo tengo un buen nombre que defender. Pídeme lo que quieras, que hoy estoy dadivoso. Escucho...
N: Dispongo de tres deseos, ¿no?
P: Sí, eso es. Pareces nueva, guapa.
N: Pues ahí va el primero: quiero tres deseos.
P: Y así será...
Ni que decir tiene que los otros dos deseos sobrantes los dejé a su elección, que por viejos conocidos, el puñetero pozo sabe ya de sobra mis gustos en lo que a literatura infantil se refiere.

Paradoja

Ahora que todo está verde en Madrid, voy yo y pierdo la esperanza...