
¿Quién no ha tenido calcetines salvajes alguna vez? Conocer al enemigo es la mejor manera de combatirlo.

No conozco muy bien el motivo, pero desde muy chiquita me atraen los tornillos, los muelles, las poleas y los rodamientos. Es pasar por delante de una ferretería y me cambia la cara. Cuando bajo por Ronda de Valencia, nunca me detengo a mirar la monstruosa marquesina comecalle del Reina Sofía. Eso sí, siempre tengo tiempo para echarle un vistazo al escaparate de la tienda de muelles, un poquito más abajo.

Y por último, pero no por ello menos importante (todo lo contrario), os recomiendo fervientemente visitar la página de
Gálago, que además de tener unas manitas que para mí las quisiera, es un tesorazo y una buena amiga. Este pulpejo es solo una pequeña muestra de las maravillas que os esperan al cruzar el umbral de su casa.