Sábado azul

Si el sábado pasado Alejandra llenó mi casa de colores y de olor a lavanda, este fin de semana he tenido un despertar teñido de azul. Un gato a lunares ha saltado sobre mi cama y me ha dicho: "oye tú, despierta, que tengo que presentarme. [...] Me llamo Paco y vengo de parte de Ari. Quiere que te comente que me tienes que sacar del plástico y colgarme en la solapa de tu chaqueta". Y yo ahora estoy pensando... quizá este simpático gato se coma al cangrejo... ¡Un millón de gracias! Por cierto, Paco dice que no se ve bien en la foto su antigua dirección, así que, para aquellos que estéis interesados en saber su lugar de origen y su árbol genealógico, pinchad aquí.

Mis tesoros mumin (Primera parte)

Definitivamente, Ari, hay alguna conexión rara entre tu cabecita y la mía. Esta entrada la escribí ayer por la noche, pero, como tenía mucho sueño, decidí publicarla hoy. Ahí va. ¿Te suena a algo que has comentado en mi blog últimamente...? ¡Me encantan las casualidades! Ahora sí, ahí va: ¿Será la panzota o el clima finlandés? Qué tonterías digo, está claro que es el tripón. El caso es que he llegado a la conclusión de que tener una colinita coronada por un ombligo resultón, debe ser el motivo por el unos son más felices que otros (no miro a nadie). Bueno, pues eso, que a partir de mañana me pongo a dieta de panceta. Estoy decidida a ser un mumin. Adiós a la depilación y a esperar el autobús. Voy a buscar un bosque para perderme en mi futura obesidad peluda. Si alguien se apunta a formar una comunidad de seres felices que encuentran cosas en sombreros y duermen todo el invierno, no tiene más que rellenar la solicitud que en breve pondré a vuestra disposición. Lo único que me cabrea es que... ¡los mumin no fuman!

De cuento

Hoy al despertarme y abrir los ojos por poquito no me da un zorocotró. ¡Veía lo que me rodeaba a todo color! "¿Cómo puede ser? ¿Dónde están los grises?", pensé mientras me iba acostumbrando a una realidad que había casi olvidado. La voz de mi padre, de una rojo intenso, me sacó del estado de atontamiento en el que me encontraba. -¡Ha llegado un paquete para ti, Nata! ¡Está en el salón! ¡Y ya me puedes ir explicando qué es porque, no sé muy bien cómo, pero está cambiando el color de los muebles y las cortinas! "¡Entonces es eso! ¡El paquete está coloreando mi casa!", me dije medio alucinada. -¡Ya voy! ¡Un segundo! No sabía muy bien qué hacer. La verdad es que en los últimos meses me había acostumbrado a verlo todo gris. Cuando llegué al salón, el colorido que irradiaba la caja era tan intenso que ni siquiera podía ver a mi padre tendiéndome unas gafas de sol. Únicamente mi madre, recostada en el sofá, lo miraba todo sonriente y tranquila. -¿No te hace daño a los ojos? -le pregunté. -Yo lo veo todo igual que siempre, Nata, pero me alegra mucho que la persona que ha enviado el paquete haya inundado mi casa con este delicioso olor a lavanda... ¡A qué esperas, ábrelo ya! Mil gracias, Chiscol. Me has hecho llorar de alegría, sentirme niña, sonreír... Una tonelada de besos que encierren todo lo que me gustaría decirte con palabras.

Ritmo cardiaco

Me he fabricado una prótesis de madera para tirar de ella cuando mi corazón quiera disfrutar de unas merecidas vacaciones. Aunque aún no ha decidido el destino ni el momento en el que partirá (es bastante indeciso, el pobre), ya hemos acordado unas cuantas cosas: que debe regresar antes de diciembre (¡no puedo estar descorazonada en Navidad!), que debe relajarse en un lugar tranquilo para volver así fuerte y volterético y, por último, que está terminantemente prohibido viajar a Edimburgo. Nota: gracias a todos por estar cerquita.

Miércoles

Hoy me gustaría volver a ser niña de nuevo para disfrutar de mi tarta sin pensar en nada más. Lejos de mundos que no entiendo de talla XL. Siempre he sido muy flacucha, así que no es de extrañar que casi todo me quede grande. Nota: de tanto pasearme por las fotos de la entrada anterior, me olvidé una huella en el riachuelo.

Escala de grises

Me he pasado todo el verano deseando que llegase el otoño. Tenía una extraña necesidad de lluvia y gris. Pero hoy no me apetece. Hoy quiero azul, quiero agua corriendo por las entrañas de la tierra y dando volteretas en un tronco de árbol, quiero cerrar los ojos y oír el viento entre los árboles, y quiero estar lejos, muy lejos, donde no sea nadie. Pero recortarse un anonimato es prácticamente imposible. Solución: tendré que conformarme con pasear por las fotos que hice este verano en la sierra y disfrutar de la luz antes de volver a mi escala de grises. ¿Cómo haría Mary Poppins para atravesar la tiza y no mancharse el vestido?